viernes, 17 de junio de 2011

Es una gran victoria, porque no somos sirvientes

La adopción del Convenio sobre el Trabajo Decente para las Trabajadoras y Trabajadores Domésticos por parte de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), es una gran victoria porque se afirma que las trabajadoras del hogar remuneradas no son sirvientes ni hijas de segunda categoría, sino trabajadoras, sujetos de derechos humanos laborales, aseguró Mary Goldsmith, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana y colaboradora de la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar.

Este jueves, durante la centésima Conferencia Internacional del Trabajo organizada por la OIT en Ginebra, Suiza, los delegados de gobiernos, empleadores y trabajadores aprobaron el Convenio sobre el Trabajo Decente para las Trabajadoras y Trabajadores Domésticos por 396 votos a favor, 16 votos en contra y 63 abstenciones.

Goldsmith, presente en dicho encuentro, aseguró que algunos temas fueron muy controvertidos, como la jornada laboral, el pago en especie, la seguridad social, la inspección laboral y las agencias de colocación.

Sin embargo, quizás el tema más controvertido fue si las trabajadoras del hogar (y en mucho menor grado trabajadores) son empleados iguales a cualquier otro, y como tales deberían gozar de los mismos derechos, dijo a La Jornada vía electrónica.

Modificar la cultura

Norma Cacho, asesora del Colectivo de Empleadas Domésticas de los Altos de Chiapas, expresó que este convenio no es una concesión de la OIT sino resultado de una lucha que por más de 20 años han dado las trabajadoras del hogar.

Ricardo Bucio Mújica, presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, aseguró que ese organismo estará en diálogo permanente con las instancias que correspondan para trabajar en la visibilización de las ventajas que este instrumento conlleva para los empleadores.

Bucio Mújica destacó que la representación de los trabajadores y el gobierno de México votaron en favor del convenio, mientras que la de los empleadores se abstuvo, lo cual es un signo de que hay que trabajar mucho en la modificación de la cultura.

El convenio recomienda que se fije una edad mínima para las y los trabajadores domésticos, la cual no podrá ser menor a la estipulada en la legislación nacional para los trabajadores en general; subraya la libertad del trabajador para elegir su lugar de residencia y si es en la casa que labora, debe ser en condiciones que respeten su privacidad; destaca la necesidad de un contrato con el empleador para especificar el sueldo, prestaciones, tipo de trabajo a realizar, horario, si habrá suministro de alimentos, un periodo de prueba y las condiciones de repatriación en caso necesario.

Entre otros puntos que se discuten figura garantizar el horario de trabajo, compensación de horas extras, períodos de descanso diarios y semanales, además de las vacaciones anuales pagadas en conformidad con la legislación nacional.

De igual forma señala que se deben idear los medios para facilitar el pago por el(la) empleador(a) de las cotizaciones a la seguridad social.

El Instituto Nacional de las Mujeres se congratuló por la firma del Convenio y llamó al Senado de la República a ratificar ese instrumento, que beneficará a los dos millones de trabajadores domésticos en México

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