viernes, 17 de junio de 2011

“¡Alerta, alerta, alerta que camina, la Marcha de las Putas por América Latina!”

  • Mujeres se rebelan ante “cochinas costumbres”
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  • Elida Abonza Paéz
    Foto: Guillermo Montalvo Fuentes. Ir a Galería de Fotos
    México DF, junio 13 de 2011.
    Una treinta de la tarde, se observaban unas 500 personas reunidas en la Glorieta de La Palma, en el Paseo de la Reforma. Ahí, una chica indicando a las personas: “Esta es la Marcha de las Putas”, e invitando a la gente a concentrarse para dar inicio a la primera movilización de este carácter en México.
    Cerca de de las dos de la tarde, sobre Reforma, las principales portavoces de la marcha tomaron la pancarta principal en sus manos, con la leyenda “Basta de justificaciones cobardes, No significa No”. Así daban inicio a la movilización, cuyo objetivo era manifestarse contra el acoso, la violencia sexual y los feminicidios.
    Auxiliada con un altavoz, una de las cinco principales voceras, Areli Rojas, gritaba consignas como “¡Alerta, alerta, alerta que camina la Marcha de las Putas por América Latina!”, al mismo tiempo todas al unísono gritaban: “¡No es no, mi cuerpo es mío, mío, mío, mío y de nadie más y de nadie más!”, haciendo con la mano libre círculos por encima de su cabeza y bailando al son de su canto.
    Ya sobre el Paseo de la Reforma a ritmo de tambores, silbatos y castañuelas avanzaban las personas, se podían observar a familias enteras con playeras que llevaba como leyenda “Puta Madre”. Hombres con pancartas que decían: “Ser hombre no me da derecho a decirte ‘sabrosa’” o “Me gustan la mujeres con tacones y que enseñen pierna, pero no por eso las agredo: no acoso, no toco, sólo me echo un taco de ojo”.
    Las expresiones se escuchaban entre risas y cantos. Todas ellas surgían de una exaltación de ser escuchadas y de la exigencia de respetar a las mujeres, dejando claro que no importa la vestimenta, el lugar, ni la compañía, nada justifica la imposición de relaciones sexuales.
    Durante la movilización se observaban mujeres con minifaldas, shorts, vestidos, ligueros, zapatillas, medias de colores, botas largas de cuero, incluso desnudas del torso. Eran mujeres dejando claro que deben ser respetadas sea cual sea su atuendo.
    Muchas de ellas llevaban leyendas en partes del cuerpo como pecho, piernas y abdomen que manifestaban “¡Yo decido mi forma de vestir!”, “¡Ni putas ni santas, sólo mujeres!”, “¡Escote sí, escote no, eso lo decido yo!”, “¡La falda cortita no me hace facilita!”, “¡Si decidir sobre nuestro cuerpo nos convierte en putas, que vivan las putas!” y “¡Desnudas o vestidas nosotras dirigimos nuestras vidas!”.
    Las personas que participaban en la marcha portaban las pancartas en las manos y otras las traían pegadas en la espalda. La mayoría de quienes encabezaban la movilización eran mujeres, vestían con escotes, tacones y minifaldas ya que, aseguraban, nada justifica calificar a las mujeres como “putas” únicamente por su atuendo o comportamiento libre y autentico ante la vida.
    Por todas partes se observaban rostros llenos de alegría y satisfacción por manifestarse contra el abuso, la violencia y el acoso sexual que experimentan frecuentemente en las calles, en los transportes públicos, en cualquier espacio donde ellas transitan por el simple hecho de ser mujeres.
    Sin embargo, no dejaban de entonar al unísono los cantos llenos de ritmo como: “¡Porque somos la mitad del mundo, porque somos la mitad del cielo, mujeres, mujeres defendiendo sus derechos!”, “¡Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, que la misoginia se tiene que morir!”, “¡No, no, no me da la gana ser una mujer sumisa y abnegada; sí, sí, sí me da la gana ser una mujer consciente y liberada!”.
    Se pudo observar un colectivo gay de hombres que vestían de tacones, minifaldas y escotes hechos de plástico y de papel, con unas pancartas que decían: “Putos apoyando putas”, “Putita, pero no de tu templo”. Acompañados con un par de guitarras cantaban, bailaban, reían y posaban de la forma más sexy para la foto.
    Tres de la tarde, la circulación en contraflujo de la marcha se abría para los automóviles que pasaban despacio ante la curiosidad de los que ahí se manifestaban, las personas volteaban sus pancartas para que pudieran ver de qué se trataba y más de uno levantaba el dedo pulgar en señal de aprobación.
    El calor aumentaba, sin embargo eso no era motivo para las manifestantes que venían vestidas de piel y botas de cuero, se podían observar sombrillas de colores y muchas de ellas llevaban colgada ropa interior.
    Ya en la glorieta de Colón, las principales portavoces se detuvieron un momento, dejaron la pancarta en el suelo, para gritar a un tiempo: “¡El que no brinque, acosa; el que no brinque, acosa!”, y entre saltos y risas se organizaron para agacharse con el canto de: “¡Agáchense y vuélvanse agachar, las putas bonitas se saben agachar!”, para concluir haciendo una ola que iba de adelante hacia atrás sobre Reforma.
    Mujeres, hombres, adolescentes y niños continuaban su camino sobre reforma con el único objetivo de dejar en claro que las mujeres víctimas de violencia sexual, no son culpables de sus ataques, exigiendo respeto, visibilidad y la aplicación de la Norma Oficial Mexicana 046 que señala el procedimiento para atender la violencia familiar, sexual y contra las mujeres, así como criterios para la prevención.
    Atrás del grupo que encabezaba la marcha se podían ver manifestantes que exigían con consignas y pancartas “¡No más violencia contra las mujeres!” y “¡Ni una más, ni una más ni una asesinada más!”, ya que la marcha también tenía como fin denunciar los feminicidios y las objeciones por parte de las autoridades al declarar que “ellas se lo buscaron por andar de putas”.
    A la marcha también se sumaron varios contingentes en apoyo a la causa como Amnistía Internacional, La Escuelita de Promotores de los Derechos Humanos, Católicas por el Derecho a Decidir y el Observatorio Nacional Contra el Feminicidio.
    Ya entrando al Hemiciclo a Juárez, se escuchaban cada vez más fuerte las consignas como: “¡Escucha baboso, yo escojo a quien me cojo!”, “¡Si Sor Juan viviera, aquí estuviera!”, “¡Putas si, machos no!”, “¡Solteras, casadas, todas son manoseadas!”.
    En el monumento, situado en Avenida Juárez, un hombre en representación de Atrévete DF, se manifestaba en contra del abuso sexual contra la mujer y pedía dejar las etiquetas que reflejan al hombre como incontrolable por naturaleza y a las mujeres como tentadoras y provocativas, “tales etiquetas dañan nuestra sociedad”, manifestaba.
    Entre agradecimientos, silbidos, y gritos, Minerva Valenzuela, principal portavoz de la marcha, agradeció el apoyo y, satisfecha, informó saldo blanco en la Marcha de las Putas, con dos mil quinientas personas reunidas en el Hemiciclo a Juárez.

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