martes, 8 de febrero de 2011

Hay un gran rezago en la atención educativa de niños con discapacidad

El deterioro comenzó en 2002 con la Reforma Integral a la Educación Básica, cuando se impulsó la integración de menores con necesidades especiales en las escuelas regulares, opinan docentes

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Policías del agrupamiento de la Montada de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal impartieron en 2007 equinoterapia gratuita a menores con capacidades diferentes en las instalaciones ubicadas en la avenida Guelatao, al oriente de la ciudad de MéxicoFoto Foto: Alfredo Domínguez
Laura Poy Solano
Periódico La Jornada
Martes 8 de febrero de 2011, p. 36

En México no se ha logrado revertir el déficit en la atención de niños con discapacidad. Con una población estimada en dos millones de menores con este problema y en edad de cursar su educación básica, sólo se atiende a 424 mil, de los cuales 130 mil padecen una minusvalía física o mental.

Una baja inversión pública para garantizar la escolarización de niños con necesidades educativas especiales –discapacitados, con aptitudes sobresalientes, con problemas de lenguaje, conducta y comunicación– ha favorecido un crecimiento mínimo de la cobertura, en particular para quienes padecen discapacidad intelectual, motriz, auditiva, sordoceguera, baja visión, ciegos, sordos y autismo. A esto se suma una escasa infraestructura educativa que favorezca la integración e inclusión educativa, así como un creciente deterioro de las condiciones laborales en las que los docentes se encargan de menores con necesidades educativas especiales.

Profesores de educación básica que laboran en Unidades de Servicio de Apoyo a la Educación Regular (USAER), principal instrumento para fortalecer la integración educativa en el país, aseguraron que el subsistema se ha convertido en un elefante blanco. Es esquizofrénico. Está lleno de contradicciones entre lo que dicta la política pública y lo que realmente sucede en el aula.

Noemí García García, responsable de educación especial y directora general adjunta para la Articulación Curricular en Educación Básica de la Secretaría de Educación Pública (SEP), reconoció que no se ha avanzado con la celeridad que demandan las políticas nacionales e internacionales de integración e inclusión educativa vigentes desde mediados de la década de 1990, pero insistió en que hay avances tanto en cobertura como en adecuación de infraestructura escolar en planteles regulares.

Aseguró que muchos de estos niños no llegan a los servicios educativos porque muchas veces los padres de familia temen llevarlos a la escuela regular porque los pueden lastimar, no van a aprender o pueden ser incomprendidos. Necesitamos que nos tengan más confianza y que se la tengan a sus hijos. Cuando se tiene un niño con discapacidad se fijan más en lo que no tiene: no oye, no ve, no camina, pero si los ayudamos a que no sólo vean su discapacidad, sino que tienen muchas otras capacidades, tendríamos más niños en el sistema educativo.

Inclusión, discurso demagógico

Abelino Martínez, docente de USAER con 28 años de experiencia, aseguró que bajo las condiciones actuales la integración e inclusión educativa de menores con discapacidad en escuelas regulares no es una alternativa real, sino una opción demagógica.

Recordó que desde 1993, con la firma del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, se trastocó todo el modelo de educación especial creado en México a principios de los años 70 del siglo pasado, el cual incluso llegó a tener reconocimiento internacional por sus logros en la atención de niños con discapacidad. Fue una época de oro. Los alumnos eran atendidos por especialidades y con docentes altamente capacitados.

Hoy, afirmó, el panorama es desastroso. Vamos hacia la desaparición de la educación especial bajo una visión pragmática y distorsionada de lo que la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ha denominado inclusión educativa y que se lanzó como meta internacional desde la declaración de Salamanca, en 1994.

Destacó que nadie puede oponerse por principios éticos a que todos los niños, con o sin discapacidad, gocen de inclusión social y se erradique cualquier forma de discriminación, pero esto no implica abandonar en las aulas regulares a quienes, pese a realizar un enorme esfuerzo, no pueden seguir el ritmo de sus compañeros porque padecen discapacidades múltiples o severas.

En nuestro país, según cifras de la SEP, se atiende a 424 mil 939 alumnos con necesidades educativas especiales. De ellos, 130 mil 628 enfrentan alguna discapacidad, sea intelectual (leve o severa), motriz, auditiva, sordoceguera, ceguera, baja visión, sordera o autismo. A ellos, se suman 280 mil 806 alumnos que no tienen una discapacidad física, pero presentan problemas de conducta, aprendizaje o lenguaje, mientras 13 mil 505 tienen aptitudes sobresalientes.

CAM, deterioro

De los niños con discapacidad atendidos por el sistema educativo, poco más de 87 mil asisten a uno de los mil 552 Centros de Atención Múltiple (CAM) que existen en el país, donde se brinda una oferta educativa para formación inicial, primaria y capacitación para el trabajo, a excepción del Distrito Federal, donde desde el ciclo escolar 2009-2010 también se puede cursar la secundaria en 33 planteles.

Araceli Macías, profesora de CAM con 26 años de experiencia, afirmó que pese a la creación de nuevos centros, el modelo educativo impuesto con la Reforma Integral a la Educación Básica en 2006 aceleró el deterioro que vivimos desde 2002, cuando se impulsó un proceso de integración de niños con discapacidad en escuelas regulares, sin garantizar la infraestructura escolar adecuada ni capacitación de docentes.

Macía explicó que en su grupo de sexto grado de primaria atiende a 10 alumnos con cinco discapacidades. Tengo un estudiante débil visual, una pequeña con hidrocefalia, dos con discapacidad motriz, cinco niños con síndrome de Down, uno con discapacidad intelectual, y otro con problemas siquiátricos. Llevamos varios años con esta dinámica, a pesar de que me especialicé en atención a niños ciegos, concluyó

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