lunes, 11 de enero de 2010

Desdeñan iglesias leyes humanas; sólo obedecemos a Dios, afirman

Advierten jerarcas religiosos que continuarán su protesta contra bodas y adopciones gays

Desdeñan iglesias leyes humanas; sólo obedecemos a Dios, afirman

Inmoral y perversa, toda norma que se le contraponga, afirma el cardenal Rivera

Se reúne en Catedral con líderes evangélicos y ortodoxos

Califica de intolerantes a políticos y medios

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Acompañado de líderes de las Iglesias evangélica y ortodoxa, el cardenal Norberto Rivera afirmó ayer, luego de oficiar misa, que las leyes que se contraponen a Dios son inmorales y perversas, porque al ir contra la voluntad divina, terminan por llevar a la sociedad a la degradación moral y a su ruinaFoto Notimex
Elizabeth Velasco C.
Periódico La Jornada
Lunes 11 de enero de 2010, p. 30

Con el respaldo de arzobispos y ministros ortodoxos griegos y evangélicos, la Iglesia católica advirtió ayer que, pese a ser víctima de persecuciones ideológicas, continuará con sus manifestaciones de inconformidad por la aprobación del matrimonio entre parejas del mismo sexo y el derecho de éstas a adoptar niños.

Ante los feligreses, una vez concluida la misa dominical en la Catedral Metropolitana, se leyó un documento, en nombre del cardenal Norberto Rivera Carrera, donde se expresa:

Nosotros, pastores del pueblo de Dios, tampoco podemos obedecer primero a los hombres y sus leyes antes que a Dios; toda ley humana que se le contraponga será inmoral y perversa, pues al ir contra su voluntad termina por llevar a la sociedad a la degradación moral y a su ruina.

Hugo Valdemar Romero, vocero de la Arquidiócesis Primada de México, continuó con la lectura del documento suscrito por el arzobispo Rivera Carrera, al lado de quien se encontraban jerarcas ortodoxos y evangélicos.

“Nos quieren prohibir hablar en nombre de Jesús, predicar su doctrina, cumplir con el mandato del Señor (…) defender el vínculo sagrado del matrimonio al que San Pablo comparó con el amor con que Cristo ama su Iglesia. Y no, no podemos callar…”

En el texto aseguró que México es un país que ama a la familia, es su célula fundamental y el centro de cohesión social. Por ello vemos con profunda preocupación cómo se ataca al matrimonio, cómo se burlan de los valores cristianos y de nuestras creencias más sagradas. Pero lejos de replegarnos ante las persecuciones ideológicas, descubrimos que el Señor nos brinda una gracia inmerecida: la de ser sus testigos, de abrazar con alegría su cruz para completar en nosotros la pasión de Cristo.

En cada momento apoyaban lo expuesto en el documento los arzobispos metropolitanos del Sacro Patriarcado de Antioquia de México, Venezuela, Centroamérica y el Caribe, Antonio Chedrahui, y del Sacro Patriarcado Ortodoxo Griego en México, Athenágoras; los pastores Eduardo Rangel, responsable de la comisión de enlace con iglesias evangélicas Pastores Unidos por México, y Arturo Farela, presidente de la Cofraternidad de Iglesias Cristianas Evangélicas, entre otros.

Pero la denuncia que plantearon al concluir la liturgia, en la que hacen una comparación con las persecuciones y tribulaciones que sufrió Jesucristo, es más precisa en su órgano de difusión, Desde la Fe, en cuyo editorial califica de intolerantes a políticos de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, específicamente del PRD, y medios de comunicación.

De éstos, señala que “con lo único que reaccionan es con su estribillo tan manido como absurdo del ‘Sacrosanto Estado Laico’, amenazando con ‘aplicar las leyes con todo rigor’ para acallar la voz de la Iglesia y con ella los valores de los creyentes” de México.

En el editorial, titulado ¿Derechos humanos de quién?, califican a políticos y comunicadores de ser incapaces de dialogar: hablan de libertad, sin estar dispuestos a reconocer la libertad de quienes no piensan como ellos; hablan de tolerancia sin ser tolerantes en lo más mínimo. Hasta los incriminan de escudarse en la democracia, usando métodos fascistas para imponerse; quieren defender derechos humanos, pero pasan por encima de los derechos de los más indefensos

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