miércoles, 30 de septiembre de 2009

El celibato no explica el abuso contra niños, coinciden curas

Según estimaciones de la Confederación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados, en el mundo hay por lo menos 150 mil curas que han contraído nupcias, lo que demostraría la necesidad de que la Iglesia católica –que cuenta con cerca de 450 mil clérigos en activo– apruebe el celibato opcional, más aún porque, para algunos, la cantidad reconocida de ministros católicos con pareja es conservadora.

En entrevista, Lauro Macías Raygoza, vicepresidente de la Federación Latinoamericana para la Renovación de los Ministerios, aseguró que para imponer el celibato se ha distorsionado lo que dijo Jesús, ya que es una aberración, una forma de dividir a los cristianos en primera, los perfectos, como si la perfección recayera en la castidad, y los imperfectos, los que no son célibes. Aunque sabemos que muchos sacerdotes son incapaces de seguir este mandato, por lo que se ha convertido en una gran simulación.

Macías Raygoza, quien ejerció el ministerio durante una década, tiempo en que fue célibe porque era de los convencidos, relató que fue testigo de la lucha interna que padecían muchos ministros queriendo cumplir el celibato, y no se les daba, por lo que vivían en una angustia tremenda, y no sólo en el aspecto biológico, sino en el afectivo. Intentaban motivarse para ejercerlo, pero como era artificial, empezaban a vivir una doble vida. Añadió que la Iglesia católica alberga a un grupo de sacerdotes que tienen la opción de casarse y son obedientes al Papa, pero pertenecen al rito oriental.

En entrevista, José de Jesús Aguilar, subdirector de radio y televisión de la Arquidiócesis de México, aseguró que el celibato también es apoyado por la feligresía. Se calcula que cerca de 80 por ciento de las personas no estarían de acuerdo en que los sacerdotes se casaran, porque de por sí son pocos, y si tuvieran que dedicarse a esposa e hijos se reduciría el tiempo dedicado a la comunidad.

No aceptarían mantener también a la esposa y los hijos: Aguilar

Pero también hay una razón más terrenal: la feligresía “no estaría dispuesta a mantener al sacerdote y a sus hijos. En ciertas comunidades –dijo–, con mucho trabajo acepta sostener al cura, pero no lo haría con su familia”.

Sin embargo, para Macías Raygoza ésa no es una explicación de peso, ni siquiera realista, porque el asunto se subsanaría si se permitiera al sacerdote vivir de su trabajo, como hacen los anglicanos. Agregó que, en general, a la feligresía le importa un bledo que el sacerdote sea célibe; lo que le interesa es su entrega, su responsabilidad, su amor de hermano y su testimonio. lo que no quiere es que le sirvan espiritualmente de mala gana o con neurosis, como hacen algunos.

En lo que coincidieron es en que los abusos sexuales cometidos por algunos sacerdotes contra menores no se explican por la prohibición de tener contacto sexual.

Soy sicólogo, y el abusador de niños es un individuo que tiene una deformación de otro tipo, la cual no radica en que sea o no célibe, eso da lo mismo, comentó Macías Raygoza. En tanto, Aguilar expuso que quienes abusan de menores y cometen otro tipo de agresiones o violaciones no es por efecto del celibato, sino producto de enfermedades, de desviaciones sexuales.

No obstante, Josué Tinoco Amador, profesor y experto en temas religiosos de la Universidad Autónoma Metropolitana, señala que tratando de satisfacer la libido algunos sacerdotes buscan calmar esa necesidad de diversas formas, y a veces no lo hacen de manera adecuada e incurren en abuso sexual, incluso contra niños.

De acuerdo con datos de la federación para ministerios, a escala global uno de cada cuatro sacerdotes católicos se ha retirado del ejercicio oficial del ministerio, no sólo a causa del celibato, aunque la mayoría terminó casándose.

Para el obispo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, Felipe Arizmendi, cada vez que se hacen públicas infidelidades al celibato se cuestiona su razón de ser, pero destaca que hay que entender que éste es un carisma, un don, un regalo que no se concede a todos, y por eso no cualquiera lo comprende.

El obispo reconoce que en el cumplimiento de esta norma es innegable que ha habido fallas, sobre todo porque las tentaciones nos acechan por todos lados, pero en un escrito sobre el tema destaca que “la inmensa mayoría vivimos con gozo y plenitud esta vocación, a pesar de nuestras limitaciones. Yo me siento muy fecundo y realizado gracias al celibato. Decidí libre y conscientemente no casarme, no por egoísmo, no por rechazo a la mujer ni por desconocer o despreciar la belleza del sexo y del matrimonio, sino por gracia del Espíritu Santo (…)”, señala.

Para otros, el panorama no es tan claro, y por eso postulan que dicha condición debe ser opcional en la Iglesia católica de rito latino, porque no tiene sustento en la Biblia, en la tradición, en la teología ni en los dogmas.

Por eso, el pasado 14 de mayo la citada federación de sacerdotes casados presentó al Vaticano –una vez más– una propuesta de celibato opcional, y la respuesta fue tan contundente como siempre: no.

Mario Mullo, presidente de dicha agrupación, considera que esa imposición es anacrónica y, por tanto, la jerarquía vaticana no debe ser intransigente en torno al tema, más aún cuando es claro que existe una crisis de vocaciones sacerdotales.

Para los críticos, el celibato va en contra de la naturaleza humana, ya que impone renunciar a algo que es inherente a la vida: la sexualidad, lo cual implica sólo reprimir el deseo, no extinguirlo.

Esto es muy difícil, sobre todo en ciertas circunstancias, precisó a este diario un sacerdote que prefirió omitir su nombre, quien tiene más de una década ejerciendo su ministerio, aunque ahora valora si continuará, porque hay situaciones que ya no puede evitar por más que lo intente y solicite consejos.

En breve plática telefónica, da su testimonio sobre el tema, el cual no sólo le preocupa, sino que también le incomoda, porque él fue férreo defensor del celibato y no pensó verse inmiscuido en una situación como la que ahora vive.

“Ni siquiera me di cuenta de cómo empecé a sentir esto. Ella sabe que soy sacerdote, me conoció en la parroquia y dice que no le importa, pero a mí sí. Estoy traicionando mi vocación, ya fallé (…) he hecho ejercicios espirituales y nada (…). No hemos tenido contacto sexual, pero no estoy seguro de que pueda negarme por más tiempo. Entré muy joven al seminario, quizás me faltó vivir más a fondo ciertas experiencias; si así hubiera sido, tal vez ahora no tendría esta inquietud”.

Según Aguilar, cuando algún clérigo experimenta un enamoramiento pasajero se le pide que piense bien las cosas. Agregó que a quien se le descubre una relación larga, e incluso con hijos, se le obliga a retirarse del ministerio. Añadió que quien se encuentra en esta situación debe avisar a su obispo para que le brinde apoyo, pero si el deseo de tener una pareja es lo que prevalece, se le debe retirar del estado clerical. Esto se establece en el derecho canónico.

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